Ejemplos de consultas pedagógicas

 

PRIMERA CONSULTA

Consulta: 

¿Qué puedo hacer para que mi hija de 4 años y medio deje de morderse las uñas? Hace un año que se las come. Al principio le ponía un líquido que venden en la farmacia pero creo que hasta le gustaba. Y he intentado muchas cosas pero sin resultados. Un saludo.

Respuesta:

La onicofagia, así se conoce este trastorno, es un hábito negativo muy extendido en la infancia y juventud. A veces responde a una costumbre asumida desde pequeño y no superada. En otras ocasiones son manifestaciones de inseguridad, nerviosismo, estrés, fatiga o frustración.

Lo primero que debes hacer es tratar de descubrir la fuente de su nerviosismo. Si antes no se las mordía y desde hace un año lo hace, es que alguna variable importante de su vida ha cambiado. Para ello, observa en qué momentos se muerde las uñas y anótalo en un papel. Si es necesario, habla con su profesor para que observe cuándo aparece con más frecuencia este hábito en el colegio: frente a sus amigas, cuando se le presenta un desafío, cuando fracasa en algún intento...

Entonces es el momento de ayudarla. Trabaja su autoestima y la visión positiva de sí misma.

Paralelamente, habla con ella y dile que le vas a ayudar. Haz con ella una especie de calendario donde anotaréis con un adhesivo divertido los días que no se ha mordido las uñas, sin tener en cuenta los que sí se los ha mordido. Es decir, valora tan sólo los éxitos y sus intentos por dejar de morderse las uñas. No le riñas si no lo consigue. Al conseguir 5 adhesivos (5 días sin morderse las uñas) celébralo con ella haciendo algo especial como merendar juntas, ver una película comiendo palomitas, acostarse más tarde, invitar a su mejor amiga a casa...

Proponle llevar siempre encima algo a lo que pueda recurrir cuando se sienta nerviosa y vaya a morderse las uñas, algo pequeño que pueda llevar en un bolsillo como una regaliz...

Para animarla, puedes dibujar en la yema de sus dedos (o incluso en las mismas uñas) una cara sonriendo, siempre que ese día no se haya mordido las uñas.

Te recomiendo sobre todo mucha paciencia y refuerzo positivo. Reñirla o castigarla sólo empeorará las cosas volviéndola más insegura. Ahora vienen vacaciones y es un buen momento para acabar con este hábito ya que estarás más con ella y podrás controlarla y motivarla más: sorpréndela sacándole mágicamente de la oreja una moneda de chocolate, haz que aparezcan mágicamente sobre su cama dos o tres globos hinchados o una nota debajo de su almohada felicitándola por el gran esfuerzo que está haciendo...poco a poco, irás retirando los estímulos pues ella habrá adquirido el hábito de no comerse las uñas y ya no necesitará de tu ayuda. Ten paciencia y corrige con mucho cariño, sin culpabilizarla.

 

SIGUIENTES CONSULTAS

Consulta:

Me gustaría consultarte un tema sobre mi hijo Carlos. Desde diminuto, siempre ha manifestado una cierta atracción por jugar con el peligro. Ejemplos: le fascinan los enchufes y todo lo que tiene que ver con la electricidad, con actos peligrosos (en la calle siempre va de la mano de su padre porque más de una vez jugando en un cruce ha bajado de la acera...) le gusta bromear con juguetes a cortar manos o cuellos y hace continuamente preguntas tipo, ¿qué pasa si una persona se corta una vena? y cosas así.

Muchas veces también hace preguntas sobre el volumen máximo que una persona puede tragar sin peligro. Ayer, sin ir más lejos, estábamos en la cocina y me pidió un trozo de zanahoria (a Carlos le fascinan los conejos e incluso dice que él es un conejo)  y yo le di una rodaja (yo estaba de espaldas a él). De pronto lo oí toser y escupir y cuando le pregunté qué le había pasado me dice que se la había tragado entera ¡para probar a ver si podía! y claro, se atragantó.  Obviamente, me enfadé con él y me puse nerviosa y le grité que con no se juega así con las cosas peligrosas.

La consulta es:

  • ¿Es normal sentir tanta atracción por las cosas peligrosas? ¿Responde a otro tipo de causas?
  • Precauciones adicionales que debamos tomar para este tipo de perfil de niño (Normalmente yo siempre les advierto a las personas que están con él que no se fíen en absoluto y nosotros de hecho vamos siempre vigilantes)
  • Cómo hemos de actuar cuando se dé una situación como la del domingo, porque yo pensaba que con el tiempo se le pasaría, pero ahora lo que veo es que no sólo pregunta sino que se atreve a experimentar con el peligro.

  Gracias anticipadas. 

Respuesta:

Aquí se mezclan dos cosas: la curiosidad de Carlos por descubrir, con tendencias claramente desafiantes y vuestras reacciones de preocupación y de protección. Ambas actitudes se complementan y son absolutamente normales en los niños pequeños. Más preocupante sería si, conociendo los riesgos y las consecuencias, continuara retando al peligro. Entonces estaría claramente llamando vuestra atención o castigándoos por algo. 

En tu caso, no hay más remedio que armarse de paciencia y hacer lo que haces pero con una actitud más relajada (ya sé que no es fácil pero debes intentarlo); debes proporcionarle información de las consecuencias y, si es posible, dejar que las pruebe. Evidentemente, no de todas porque en el caso de la zanahoria es peligroso. Sólo en aquellas que tú puedas controlar como las que te sugiero a continuación: 

Por ejemplo, si quiere meter los dedos en los enchufes, acompaña su dedito al enchufe y sin que él te vea, dale un pequeñísimo pinchazo con un alfiler para que note en su propio cuerpo lo peligrosa que es la electricidad en el cuerpo humano. El pinchazo será el estímulo que otra vez que quiera jugar con la electricidad le hará acordarse de lo dolorosa que es.

Si desea jugar con fuego... haz que note, en pequeñísimas dosis pero suficientes para comprender la consecuencia, que el calor quema y es doloroso. En niños tan pequeños no son suficientes las explicaciones teóricas. Es necesario que experimenten en su propio cuerpo las consecuencias de las cosas, de sus actos y tú debes proporcionárselas de manera controlada. Si te asustas, le gritas y le muestras tu preocupación, entonces ese comportamiento se convertirá en algo divertido para él, en algo interesante, ya que provoca unas consecuencias en ti. Entre otras, que le prestas más atención. 

Sé que puede parecerte un poco "raro" lo de pincharle en el dedo mientras toca un enchufe o dejarle que se queme un poco al tocar una vela pero esto funciona mejor que mil palabras: es una imagen con una sensación desagradable añadida, todo lo que se necesita para no repetir esa acción otra vez. 

Piensa que su concepto del peligro, incluso de la muerte es muy limitado. Creen que "esas cosas" no les pueden pasar a ellos sino a los demás, se sienten inmunes y por eso se vuelven imprudentes. Has de proporcionarle oportunidades para descubrir qué puede ocurrir si cruza una calle sin mirar y lo atropella un coche, o qué puede ocurrir si se atraganta con un bocado de comida muy grande. Para ello, recurre a los libros de cualquier biblioteca. Le enseñas un dibujo del cuerpo humano, le explicas en pocas palabras y con mucha claridad cómo funciona la respiración, qué es la faringe y qué pasa cuando una persona no puede respirar y se lo ilustras después con un cuento que te inventes en el que ocurra exactamente esto.  

Lo mismo con el tema de los coches. Trata de enfatizar las consecuencias de una imprudencia en la calle enseñándoselas cuando veas por la calle a una persona en silla de ruedas. Desgraciadamente es cada vez más habitual ver personas incapacitadas en sillas así que aprovéchate de la triste experiencia de esas personas para ilustrar a tu hijo las consecuencias de no ser prudente en la calle.

También puedes hablar con algún policía y pedirle que le diga a tu hijo la importancia de ir de la mano de sus padres mientras va por la calle y cuáles son las consecuencias de no hacerlo. Cuando mi hijo mayor era pequeño no había manera de que se pusiera el cinturón de seguridad. Un día decidí terminar con el juego: lo llevé a una comisaría de policía y amablemente un policía le dedicó 5 minutos a prevenirle de lo que podía pasar. Allí terminaron todas las batallas. Lo convertí en una tarde especial (nada de amenazas ni miedos), atractiva y muy educativa.  

No se trata de traumatizarle pero sí de recordarle tan a menudo como puedas que nuestro cuerpo es delicado y tenemos que cuidarlo. Aprovecha también alguna imagen "light" del telediario en la que se vea accidentes de coches (sin víctimas). Esto te dará pie para trabajar el tema de la educación vial y sus consecuencias. 

Yo te aconsejo que no esperes a que pasen las cosas para informarle, sino a que hagas un tratamiento preventivo, cuando tanto tú como él estáis en calma y puedes manejar su curiosidad para explicarle las cosas desde un punto de vista educativo, no punitivo. 

Para que no se crea el centro de tu atención, haz lo mismo con su hermano aunque no haga tanta falta. Puedes dedicar la tarde del viernes a ir a la biblioteca más cercana y sacar libros sobre anatomía. Le podrás explicar qué pasa cuando alguien se corta las venas por accidente y lo entenderá a la perfección si para acabar le cuentas un cuento sobre este tema o una noticia inventada del telediario. Y al igual que con la policía, puedes aprovechar tu visita al pediatra para que éste le informe de las consecuencias de atragantarse o de cortarse las venas o de todo lo que se le ocurra. 

Ayudarte de terceras personas es una manera de que la consecuencia se desvincule de ti, se haga más objetiva para él y, por lo tanto, más real y más probable de asumir. Esta es una oportunidad de madurar que viene del exterior y que no consigue llamar tu atención.   

En cuanto a las precauciones, son correctas las que tomáis, sin embargo lo más importante es que lo conciencies poco a poco para que no dependa su seguridad de terceros sino de él mismo. Es un problema que seguro desaparecerá a medida que él madure. Su capacidad de abstracción será mayor y podrá comprender las consecuencias sin necesidad de experimentarlas. Mientras tanto, tendréis que vigilarlo a distancia sin que os vea preocupados y ofrecerle oportunidades para que experimente de manera proporcionada las consecuencias de estos peligros en su propio cuerpo o en su contexto inmediato. 

En el caso de la zanahoria del otro día, puedes coger uno de sus muñecos y demostrarle muy expresivamente qué le pasa si se atraganta: le falta el aire, se encuentra mal, le duele el corazón y los pulmones y se lo han de llevar al hospital y hacerle muchos tratamientos molestos para salvarle la vida (él no sabe lo que es morir, así que no sirve de nada decirle que se puede morir, mejor compararlo con una enfermedad que hace mucho daño, ya que sí que sabe lo que es el dolor por enfermedades previas que ha tenido). 

En las bibliotecas hay videos educativos de diversos temas. Infórmate si hay alguno que hable del cuerpo humano. Estoy segura de que lo encontrarás. Aunque creas que no entiende, se le quedarán las imágenes y las podrá asociar cuando más tarde tú le hables de los peligros que te interesan. 

Y no olvides la vertiente afectiva. Debe ser consciente de que ciertas acciones que comete hacen daño en el corazón de sus padres. Hay que inculcarles desde pequeños el tema de la generosidad, de que hay que hacer las cosas por amor, en este caso a los padres. Sé que es muy pequeño pero es ahora cuando es más fácil enseñarles la trascendencia de la afectividad. El amor debe ser la base de la obediencia: "Yo obedezco porque quiero a mis padres y no quiero que se preocupen, porque los quiero hacer felices". Para ello, tú debes decirle lo triste que te pondrías si algo malo le ocurriera porque le quieres y lo quieres ver sano y feliz. 

Esto no se convertirá en estímulo para repetir una acción arriesgada porque sólo se lo dirás cuando estés calmada con él, cuando le estés explicando en la biblioteca las consecuencias de una acción, nunca después de cometer esta acción. Así no lo asociará al comportamiento arriesgado pero... lo tendrá en cuenta. 

Otra cosa: vigila lo que ven los niños en la tele. Cualquier programa infantil contiene agresividad. No te quedes tranquila porque vean la tele en un horario infantil y el programa sea infantil. Asegúrate de lo que ven y cuanta menos tele... mejor. En realidad, la tele no les hace falta para NADA. En su lugar existen juegos, juguetes, libros, momentos de reflexión, de creatividad... Este es un tema importante que afecta más a unos niños que otros. Si tu hijo corta a sus muñecos cabezas y brazos... ¡mejor que no le des oportunidad para aprender de la tele! 

Ya me dirás si te son prácticos mis consejos y si los puedes poner en la práctica con tus hijos.

Un abrazo.