Si dedicamos 10 minutos a recordar momentos y sentimientos
vividos en nuestra infancia creo que casi todos (desgraciadamente,
no todos) tendremos algún recuerdo especialmente feliz vinculado a
nuestros padres. Es sorprendente como nuestra mente tiende a no
olvidar aquellos momentos deliciosos en los que nuestros padres
conseguían hacernos sentir importantes, únicos, queridos y
especiales. Con alguna palabra, con algún ritual, con alguna
situación en los que los protagonistas solo éramos ellos y
nosotros. Sin hermanos, sin prisas, sin condiciones y con tan solo
su infinito cariño hacia nosotros.
Esos momentos, esos pequeños momentos son los que VERDADERAMENTE
nos dicen sin palabras que realmente alguien nos quiere. Se marcan
en nuestra personalidad de forma perenne y, sin darnos cuenta, nos
acompañan toda nuestra vida, hasta que somos adultos y tenemos la
oportunidad de hacer nosotros lo mismo con nuestros hijos para
trasmitirles el mismo amor y seguridad que nos trasmitieron
nuestros padres.
Hacerles sentir especiales, crear momentos que recuerden toda la
vida, comunicarles lo importantes que son para nosotros requiere
sencillamente un poco de tiempo y de ilusión. No basta con decirles
"Álvaro, ¡cuánto te quiero!" o "Sofía, qué feliz me
haces!". Es importante pero no suficiente. Cuanto más énfasis
pongas, cuanto más detalles tengas con tu hijo, cuanto más y
variado lo manifiestes… más seguro de sí mismo crecerá.
De hecho, no hace falta pensarlo mucho. Ellos son lo más
importante de nuestras vidas. Por eso nos preocupa su educación, su
bienestar, su felicidad, por eso "luchamos" en este mundo,
por eso nos sacrificamos y por ellos todo tiene sentido. Y si es
así… ¿Por qué no demostrarlo? ¿Por qué no decírselo una y otra
vez?
Tu hijo no se cansará de saberlo ni crecerá engreído por eso. Al
revés. Crecerá pensando que pese a todos sus defectos y sus
errores… tú le quieres, le dedicas tu atención y eso es porque él
es importante para ti, porque tiene cosas buenas dentro y fuera de
él, porque es capaz de hacerte feliz tal y cómo es, porque es
único, incomparable, diferente a sus hermanos o a cualquier otro
ser humano.
No hacen falta muchas palabras, ni mucha imaginación, ni mucho
tiempo, ni siquiera es necesario gastar dinero. ¡¡Es gratis
demostrar el amor a un hijo!!
¿Quieres saber algunas cosas que puedes hacer para
conseguir que tu hijo se sienta único y especial?
- Dile que lo quieres por lo que es. Tradúcele
con palabras sencillas lo que él significa para ti.
Puedes decirles que no hay otro niño como él. Háblale de sus
virtudes (su alegría, sus ojitos enormes, su corazón de oro, su
agilidad al correr tras la pelota, su imaginación…) y de sus
defectos (gritos, rabietas, desorden, despiste…). Dile que todo
ello hace que nadie sea igual que él, ni tan siquiera sus hermanos,
que tienen otros defectos y virtudes.
Hazle saber que aunque le castigues a menudo, aunque él te diga
palabras desagradables, aunque no os comprendáis en ocasiones… te
gusta como es, lo quieres como es y tu amor es incondicional, no
depende de si estás contenta o alegre o de si él se porta bien o
mal.
- Dedícale un tiempo exclusivo para él, en el
que no entren en juego las prisas, el periódico, el teléfono u
otras obligaciones. ¿Cuántas veces a la semana? Las que puedas
dedicarle con tranquilidad y sin estrés. Si es solo una, ya está
bien. Si son más, mejor.
Haz saber al resto de la casa que durante esos 15 minutos tú
solo estarás disponible para tu hijo. Hay padres que durante ese
tiempo cantan canciones a sus hijos o se dedican a repasar "lo
mejor y lo peor del día", a hacer planes para el fin de
semana, a contar cuentos, a leer, a pasear por la calle… Cualquier
actividad será atractiva para tu hijo porque lo importante para él
no es la actividad sino tú.
- Pon en tu mesita de noche un portafotos con un
dibujo hecho por tu hijo y pídele que haga algunos otros para que
puedas llevar al despacho o pegar en el armario de tu
habitación.
- Haz un diario con tu hijo en el que irás
anotando las cosas importantes que consideréis ambos o
sencillamente las cosas buenas que hayan ocurrido en el día. Él
puede además hacer los dibujos o poner fotos hechas exclusivamente
para ilustrar dicho diario. Deja que lo tenga en su cuarto, que
disfrute de él, que lo lea y lo relea, que le inspire y escriba
nuevas ideas… Se sentirá el protagonista de una historia real
escrita por sus padres.
- Haz actividades especiales con tu hijo a solas, sin
hermanos. En este caso, ofrécele alguna alternativa
agradable al hijo que en ese momento no disfruta del plan especial.
Por ejemplo, si su hermano mayor se va con uno de los progenitores
(o los dos) al cine, a jugar al fútbol, a pasear, a ver a los
abuelos… podéis alquilar un video para el hermano que se queda en
casa o permitir a éste que se acueste un poco más tarde de lo
habitual. De esta manera sois sensibles a las necesidades de los
dos y ambos se sienten tenidos en cuenta.
- Explica al resto de los hermanos (pueden sentir celos cuando
haces alguna actividad especial con alguno de ellos) que cada uno
tiene su momento especial y que deben aprender a respetar dichos
momentos íntimos. Poco a poco se acostumbrarán a ver cómo haces
cosquillas a uno mientras que con otro prefieres ir a merendar o
con otro ir a solas a la biblioteca un día entresemana que "no
toca" hacer nada extra. Han de intuir que tu amor es tan grande por
ellos que ninguno es comparable a los otros. Precisamente por eso
no actúas de la misma manera con ellos. Todos son
especiales y todos se merecen un trato especial, al igual que un
amor especial por cada uno de ellos.
- Haz un listado con tu hijo de actividades que os gustaría
realizar juntos y deja que tu hijo las priorice y las elija cuando
creas que es el momento oportuno. No las conviertas en premios.
Organízalas y trata de realizarlas porque sí, es decir, porque su
compañía te es agradable, porque hacer cosas con tu hijo te hace
feliz, independientemente de que se las haya ganado o no.
Se puede merecer un premio, una recompensa pero no la
atención de su padre o madre, que debe ser gratuita.
- Presta toda tu atención cuando tu hijo te explique algo.
Seguramente será algo sin importancia pero para él es lo más
relevante del mundo. Demuéstrale que te interesa lo que dice y lo
que piensa hasta tal punto que dejas por un momento lo que estás
haciendo para prestarle toda tu atención y escuchar concentrado lo
que tiene que decir.
- Después de imponer un castigo a tu hijo o después de una seria
amonestación, añade a tu discurso algo parecido a que es bueno
equivocarse y que los errores permiten a las personas mejorar.
Esto, traducido en sentimientos de tu hijo significa que "mi
padre/madre me quiere a pesar de que yo me equivoque porque me
quiere por lo que soy, no por lo que hago". Si tu estado
anímico no te permite hacerlo en el momento del enfado, deja pasar
un rato y cuando estés más relajado, díselo a tu hijo.
- Pregúntale a tu hijo su opinión. Deja que
opine en la medida que su madurez lo permita, sobre todo en aquello
que le afecta de alguna manera. Ten en cuenta su opinión y ofrécele
una explicación si no se acepta su propuesta. Se sentirá escuchado,
contenido y respetado por vosotros.
- Coloca una caja de cartón en su cuarto, a modo de buzón, que te
permita escribirle cartas de cariño y notas positivas sobre él y su
comportamiento o sencillamente comentarios alegres sobre su
persona:
Enrique, 8 años: "¡No te imaginas la gran
ayuda que supone para mí cuando por la tarde me ayudas a poner la
mesa! Te mereces un achuchón de los extrafuertes con sesión
incluida de cosquillas asesinas. Te espero esta noche en mi cuarto
a las 22,00h. Ven armado".
Carlos, 7 años: "Muy limpios los zapatos de
hoy. Felicidades"
- Comparte con ellos tus preocupaciones, tus
planes o sencillamente cómo se ha desenvuelto tu jornada. No sólo
hables de cómo le ha ido el día a tu hijo sino hazlo partícipe de
tus propias experiencias. Ser cómplices implica confianza y fuertes
vínculos emocionales. Se sentirá importante sin duda.
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