Castigos y consecuencias

 

Miles de veces nos habéis oído aconsejaros sobre la importancia de utilizar las consecuencias y no los castigos. La realidad es que no es tan evidente esta diferencia. A veces, imponemos los castigos de siempre e impedimos que nuestros hijos experimenten sus propias consecuencias.

¿Sabéis cual es la diferencia entre castigos y consecuencias?
Sencillamente, las consecuencias enseñan a los hijos a hacerse responsables de sus elecciones y su conducta. Los castigos evitan una conducta por imposición del adulto, por miedo y amenazas y no porque nuestros hijos hayan comprendido lo incorrecto de su conducta.

Pablo. 9 años. Sabe que no debe llenar de agua el suelo del baño cada vez que se ducha. Sin embargo, lo ha hecho.
Castigo: No verá la tele el resto de la tarde o se quedará sin el cuento de la noche.
Consecuencia: Deberá coger los utensilios necesarios para recoger el agua y dejar el baño en las mismas condiciones como las encontró.

Juan. 9 años. Sabe que no se debe "salpicar" en el suelo del baño cuando va a orinar.
Castigo: Cada vez que ensucia el wáter, sus padres le amenazan diciéndole que le van a poner un pañal de bebé. En alguna ocasión se lo han puesto.
Consecuencia: Cada vez que ensucia el water con su orina, tiene que limpiarlo.

Maria. 10 años. Tarda cada día más de una hora en cenar.
Castigo
: Se va a la cama sin acabar de cenar. Casi nunca toma el postre o se lo acaba en el cuarto de baño.
Consecuencias
: Al cabo del tiempo estipulado, se le retira la comida y se guarda en la nevera para desayunarla por la mañana.

Enrique. 11 años. Jugando con el mando a distancia de la televisión, se le ha caído y lo ha roto.
Castigo
: No podrá ver la televisión durante una semana.
Consecuencia
: Tendrá que comprar con su dinero un mando a distancia nuevo.

Sara. 12 años. Nunca tira la ropa sucia en la cesta para tal menester.
Castigo: Se quedará sin comprarse el pantalón que tanta ilusión le hacía ya que no cuida la ropa.
Consecuencia
: No se le lavará aquella ropa sucia que no se coloque en el sitio estipulado para ello. Posiblemente en poco tiempo se quedará sin ropa que ponerse.

¿El secreto de una consecuencia eficaz?

  • No añadir ningún tipo de comentario: Evitar reproches, ironías y humillaciones. La consecuencia es suficientemente clara: Mario se ha quemado levemente el dedo por tocar una olla caliente. No decir: "ya lo veía venir..." "estaba seguro que pasaría esto...". Simplemente, callar y curar la herida.
  • Debe ser inmediata: Juan juega a tirar bolitas de pan a su hermano en la cena. La consecuencia inmediata es quitarle el pan en ese momento, no al cabo de un rato.
  • Debe guardar relación con la conducta del niño: no tiene sentido que castiguemos a nuestro hijo sin dulces o sin ver la televisión por no recoger los juguetes del suelo. Sería más apropiado el hecho de retirarle los juguetes no recogidos durante una temporada.
  • Ofrece al niño un modelo a imitar: Óscar juega con el cuchillo, haciendo el "payaso" delante de sus hermanos. Su padre puede actuar de dos maneras: "Óscar, todos sabemos que eres un poco pequeño y por eso no sabes utilizar el cuchillo como un mayor. ¡Te acabas de quedar sin cuchillo!" o bien "en la próxima comida podrás volver a utilizar el cuchillo". La consecuencia es la misma (quedarse sin cuchillo), pero la segunda opción ofrece un modelo a imitar.
  • Coherencia entre los padres: Ambos padres han establecido que no se puede jugar con el ordenador entresemana. Si Alicia les pregunta por separado si puede jugar, ambos deben mantenerse firmes, sabiendo qué es lo que contestará su pareja.
  • Mejor consecuencias de poca duración que a largo plazo: Pablo tiene 12 años y no hace buen uso de su móvil. Sus padres lo castigan un mes sin teléfono. En este caso, habría sido razonable acotar más el tiempo de pérdida de privilegio, por ejemplo, una semana. De esta manera, ofrecemos al niño la posibilidad de probar de nuevo después de la consecuencia, cuando todavía está "caliente" la infracción.

 

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