Comidas sin malas caras

La hora de comer puede ser uno de los momentos más agradables del día para la familia. También un tormento, si existe un niño que no lo pone fácil. Hay que ir con cuidado. Tratar de arreglar los problemas en la mesa de cualquier manera puede tener consecuencias nefastas. No está en juego sólo la transmisión de buenos hábitos que le acompañarán de por vida; también se trata de un tema de salud, ya que cada día se evidencian las ventajas de una dieta equilibrada desde la más tierna infancia. Así que respira profundamente, ármate de paciencia y asúmelo: tu responsabilidad es enseñar a comer a tus hijos de forma adecuada. Cueste lo que cueste.

Los tres mandamientos

* No lo fuerces nunca. Los niños comen cuando tienen hambre y se niegan a continuar cuando están saciados.

* Si no quiere comer, retírale el plato pero no le ofrezcas otro en su lugar.

* No te obsesiones con la cantidad de alimento que come: si su crecimiento es adecuado, es que come bien.

 

¿Cómo transmitirles hábitos saludables?

* Da ejemplo: si tú no comes lentejas, tu hijo tampoco las querrá.

* Conviene llevar un horario de comidas estable.

* A la hora de comer, ni televisión ni juguetes.

* Evita que coma entre horas.

* Nada de chantajes.

* Introduce nuevos sabores.

 

Es importante comer de todo

* Aprovecha cualquier circunstancia para presentar nuevos sabores a los pequeños: excursiones, una comida en un restaurante...

* Sé paciente: para acostumbrarlo a un sabor nuevo, quizá tengas que presentarle el plato hasta quince veces.

* No decidas por él: deja que pruebe de todo.

 

Pon a prueba estas ideas prácticas

* Si quiere picar algo entre horas, nada mejor que una zanahoria o frutos secos.

* Al hacer la compra, sugiérele que busque un alimento nuevo y crea con él un plato diferente y divertido.

* Jugad al test de los sabores: con los ojos vendados, identificad sabores conocidos y también nuevos.

 

Y, sobre todo, mucha calma

Los caprichos para comer son una etapa normal del desarrollo por la que pasa la mayoría de los niños. No te obsesiones: sus gustos cambian a lo largo de la infancia y lo que no les gusta de pequeños puede encantarles de mayores, cuando no se sientan obligados a comerlo.