En Navidad tú eres su mejor regalo

La Navidad sin regalos, ¿sería Navidad?

Por desgracia, y por fortuna para los comercios, la mayoría de los padres dirían que no. Hemos convertido la Navidad en un tiempo de ocio -y no de recogimiento- basado en los regalos, el consumo desenfrenado y la manipulación comercial. 

¡Por supuesto que ha de haber regalos! Nadie dice lo contrario, pero… ¿dónde está el sentido común de los padres? ¿No basta con dos o tres obsequios? ¿Somos nosotros quienes verdaderamente elegimos lo mejor para nuestros hijos o son los anuncios y los catálogos de juguetes? ¿Dónde están el límite y el criterio? 

Año tras año nos quejamos de la cantidad de juguetes que reciben nuestros hijos en Navidad: en casa de los abuelos, por parte del padrino o la madrina, en nuestro propio hogar… También nos agobiamos por el montón de trastos que quedan una vez pasadas las fiestas: regalos que no sirven para nada, juguetes desfasados o poco apropiados para la edad de nuestros hijos, compras compulsivas de las que luego nos arrepentimos… 

Que no te pase lo mismo esta Navidad. Antes de que empiecen las fiestas piensa muy bien lo que quieres para tu familia, y no nos referimos sólo a los regalos. Reflexiona sobre cómo quieres vivir tus Navidades y cómo debes orientarlas, y no te dejes arrastrar por la inercia, la publicidad o por «lo que todo el mundo dice y hace». 

Por ello, antes de entrar de pleno en estas fiestas, tómate tu tiempo y reflexiona:

Estas Navidades, ¿quiero que sean iguales a las anteriores o prefiero introducir algún valor nuevo? ¿Quizá menos regalos y más tiempo con la familia? ¿Quizá jugar más con mis hijos? Tal vez es el momento de pensar en una Navidad solidaria (y esto no implica colaborar exclusivamente con dinero). Tal vez sería una buena oportunidad para olvidar viejas rencillas, agradecer lo que se tiene o hacer planes en común con ilusión. 

Cuatro preguntas que debes hacerte antes de comprar un juguete: 

  1. ¿Cuántos regalos quieres que reciban tus hijos? Dos o tres es una cantidad adecuada para que se reciban con ilusión, los valoren y no aburran. Si es necesario, habla con familiares y amigos para que dosifiquen sus obsequios a lo largo del año o para que regalen cosas diferentes: una tarde en el cine, una merienda, un fin de semana especial…  
  2. ¿Es un juguete que le enriquece o tan sólo le permite pasar un tiempo entretenido? ¿Le permite desarrollar la imaginación y tomar decisiones espontáneas? ¿Por qué vas a comprarle ese supermegarrobot que lo hace todo y no le da la oportunidad de investigar? ¿Por qué le vas a regalar un juego de la Play donde la diversión consiste en matar y destruir virtualmente si no estás de acuerdo con esos valores? Decir «no» a los hijos también es un regalo para ellos. 
  3. Ese juguete… ¿acabará tras un par de usos olvidado en el armario o tiene potencial para ser utilizado una y otra vez? 
  4. ¿Es un juguete apropiado a su edad y a su momento evolutivo? Los niños se entusiasman y encaprichan con facilidad, como bien saben los expertos en marketing. Eso es comprensible. Lo que ya no lo es tanto son los padres que consienten a sus hijos esos caprichos sin pensar si son o no apropiados para ellos. ¿Qué sentido tiene comprar un gigantesco Scalextric a un niño de cuatro años o un miniordenador a uno de siete?

Te resultará fácil centrarte a la hora de adquirir un juguete si piensas que no se trata sólo de un regalo sino, sobre todo, de una herramienta educativa. 

Aplica también estas preguntas a los regalos de tus hijos adolescentes. ¿Realmente has de comprarle ese móvil de última generación a tu hija o ese juego de ordenador tan agresivo a tu hijo? Lo que regalamos, en lo que invertimos nuestro dinero y nuestra ilusión, deja impronta en los hijos. Por supuesto que debemos acostumbrarles a ahorrar, pero no nos olvidemos de enseñarles también a tener un buen criterio a la hora de gastar.

 

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