Niños estresados

El estrés es un estado emocional que se caracteriza por una situación de permanente inquietud, que puede estar provocada por un acontecimiento importante que es difícil de afrontar, o por pequeñas circunstancias que alteran el ritmo normal al que se está habituado. 

¿Qué provoca estrés a un niño?

El exceso de trabajo, los retos difíciles de alcanzar o el no responder de forma efectiva a las expectativas de los demás son algunas de las circunstancias susceptibles de provocar estrés. En el entorno familiar, las situaciones más comunes son:

  • La sobreestimulación. Sobrecargar al niño con ejercicios y actividades para ampliar los contenidos escolares.
  • El exceso de actividades extraescolares.
  • El alto nivel de exigencia en el rendimiento académico.
  • No dejar espacios para el juego, sin considerar que el juego es tan necesario para el niño como el trabajo para el adulto.
  • Cambios en la estructura familiar, como el nacimiento de un hermano, la separación de los padres o la pérdida de algún ser querido.  

¿Cómo reacciona un niño al estrés?

Con frecuencia, se manifiesta mediante síntomas físicos y psíquicos, como mareos, sudación, taquicardias, ansiedad, nerviosismo o vértigo. En el caso concreto de los niños, las manifestaciones más comunes son:

  • Inhibición y retraimiento: se encierran en sí mismos y no se relacionan con los demás.
  • Bajo rendimiento en la escuela y malas notas.
  • Pérdida del interés por las actividades.
  • Conductas infantiles como chuparse el dedo o morderse las uñas.
  • Rabietas y enfados.
  • Pérdida o aumento del apetito o sueño.
  • Síntomas de ansiedad, como dolores de cabeza, dolores de estómago, vómitos o mareos. 

¿Cómo prevenir el estrés infantil?

Los padres podemos colaborar para mejorar o prevenir el estrés de nuestros hijos atendiendo a las siguientes pautas:

  • Crear un ambiente tranquilo, donde el niño se sienta a gusto y relajado.
  • Enseñarle a resolver las dificultades paso a paso.
  • Ofrecerle el tiempo suficiente para realizar tareas.
  • Ser flexibles al valorar los resultados obtenidos.
  • Facilitar el éxito en las tareas que se proponen.
  • No pedirle metas difíciles de conseguir.
  • Dejarle tiempo para jugar y disfrutar con los amigos.
  • No sobrecargarle con actividades extraescolares.
  • Hablar y comentar con él los cambios que pueden afectar a la familia.
  • Colaborar con él en las tareas escolares.
  • Valorar positivamente los buenos resultados.